Piura lidera el desembarque de pota con 67% de la producción nacional

El puerto de Paita es donde se concentra el mayor dinamismo de una actividad que hoy marca el pulso de la pesca regional

La pota se ha consolidado como uno de los principales recursos del mar piurano. Actualmente, Piura lidera el desembarque de esta especie a nivel nacional: en 2025 alcanzó 480 mil toneladas, lo que equivale al 67% de la producción del país, según datos del Ministerio de Producción (Produce). Este liderazgo tiene en el puerto de Paita a su principal protagonista, donde se concentra el mayor dinamismo de una actividad que hoy marca el pulso de la pesca regional.

“La pesca de pota es un motor de empleo que genera ingresos para miles de familias y activa toda una cadena comercial. En los últimos años se ha consolidado como uno de los principales recursos del litoral piurano, por su capacidad para generar valor y dinamizar la actividad productiva. En la práctica, sostiene tanto la pesca artesanal como el trabajo en las plantas de procesamiento, y se ha convertido en un pilar para el desempeño económico de la región”, indicó Germán Vega, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).

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Presente en el ceviche, la jalea mixta y el arroz con mariscos, la pota –o calamar gigante– se ha ganado un lugar en la mesa peruana. Además, el especialista resalta que aporta proteína de alto valor nutricional y se mantiene como una alternativa asequible para la población. No es casualidad: de acuerdo con Produce, alrededor del 10% de los pescados y mariscos que ingresan a los mercados mayoristas del país corresponde a esta especie, cuyo abastecimiento proviene principalmente del norte.

“Siendo un alimento emblemático en la dieta de los peruanos, su adecuada gestión es fundamental para preservar su aporte nutricional y económico. La creciente demanda interna y externa exige un manejo basado en criterios técnicos y evidencia científica, que asegure la sostenibilidad del recurso en el largo plazo. Un aprovechamiento responsable no solo protege el ecosistema marino, sino que también brinda previsibilidad a las empresas del sector, fomenta la inversión y sostiene miles de empleos formales a lo largo de toda la cadena productiva”, agregó el especialista.

Transformación con valor comercial

Tras su captura en el mar, la pota continúa su recorrido en tierra, donde ingresa a las plantas de procesamiento. Según Produce, el 96% de lo desembarcado en Piura durante el 2025 se transforma en productos congelados, lo que evidencia el peso de la industria manufacturera. Precisamente, de cada 10 especies marinas procesadas para consumo humano, 8 corresponden a la pota.

“Después de la extracción, la manufactura transforma el recurso en un producto con mayor valor agregado mediante procesos de limpieza, corte, empaque y congelado que cumplen estándares sanitarios y de calidad, permitiendo su conservación y comercialización tanto en el mercado interno como en el exterior. Esta etapa no solo incrementa su valor económico, sino que moviliza inversión en infraestructura y tecnología, genera empleo formal en plantas de procesamiento, logística y distribución, y dinamiza servicios complementarios, consolidando una actividad productiva que contribuye de manera sostenida al desarrollo regional y al crecimiento del país”, explicó Vega.

En las plantas de procesamiento, el proceso es minucioso: se limpia y se obtiene un filete blanco que luego se lamina para hacerlo más blando. Lo que no se utiliza para consumo se transforma en harina, y el resto se prepara para la venta interna y la exportación. Su demanda comercial es evidente en las cifras: en 2025, se destinó 76 mil toneladas de pota para la comercialización dentro del país y 478 mil toneladas para el exterior.

“Cuando la pota pasa del muelle a la planta, deja de ser solo extracción primaria y se convierte en un producto con valor agregado. Esa dinámica exige pensar en su sostenibilidad. Por ello, es necesario establecer reglas claras desde la captura para evitar que su disponibilidad se deteriore con el tiempo. Cuidar lo que provee el mar no es solo una preocupación ambiental, sino una condición esencial para sostener el empleo y el crecimiento regional en el largo plazo”, concluyó el economista de REDES.

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