De la cabina de radio a la inmortalidad: La repentina partida del comediante en La Victoria enluta al espectáculo peruano y deja un vacío irreparable en la cultura popular.
La risa se apagó de forma inesperada. El viernes 27 de marzo, el distrito de La Victoria fue testigo del último acto de Manolo Rojas, una de las figuras más entrañables del humor peruano, quien falleció a los 63 años tras desvanecerse en la puerta de su hogar. A pesar de los esfuerzos desesperados de su familia por auxiliarlo, el actor ya no presentaba signos vitales al ser trasladado, dejando una noticia que ha paralizado a la comunidad artística y a los miles de seguidores que lo acompañaban día a día.

Una jornada que empezó entre bromas Lo que parecía una tarde rutinaria en la cabina de RPP, compartiendo ocurrencias en el programa Los Chistosos junto a Daniel Marquina y Hernán Vidaurre, terminó convirtiéndose en el último contacto de Rojas con su público. Horas después de su participación radial, la confirmación de su deceso a través de la señal de América Televisión generó una ola de conmoción nacional. El Gobierno del Perú y diversas instituciones han expresado sus condolencias ante la pérdida de un referente que supo interpretar la identidad del país a través de la parodia y la picardía.

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La transformación detrás del personaje Más allá de las luces y los escenarios, Manolo vivía una etapa de profunda renovación personal. Consciente de los riesgos de la hipertensión y el sobrepeso, el comediante había adoptado una disciplina estricta que lo llevó a perder más de 10 kilos en meses recientes. «La salud es la prioridad», repetía en sus últimas entrevistas, mostrando una faceta reflexiva y resiliente que hoy sus colegas destacan como su mayor legado de vida.

Manolo Rojas será velado en la sala VIP del Gran Teatro Nacional desde el mediodía. El Perú entero despide no solo a un imitador brillante, sino al vecino de Santa Catalina que, con una sonrisa, nos enseñó a ver la realidad con un toque de humor.