¿Qué tiene que pasar para que los peruanos vuelvan a creer en la democracia?

Un informe del PNUD advierte que la desconfianza en las instituciones, la inestabilidad política y la percepción de que el poder responde a intereses particulares están debilitando la relación entre ciudadanía y Estado.
La democracia sigue siendo la forma de gobierno preferida en América Latina y el Caribe, pero cada vez menos personas creen que funciona para ellas. El informe Democracias bajo presión: Reimaginar los futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), advierte que menos de la mitad de la población se declara satisfecha con su funcionamiento y que la confianza en las autoridades electorales cayó de 47 % en 2016 a 34 % en 2024. En Perú, el diagnóstico es especialmente crítico, con fragmentación política, baja confianza en los partidos y una confrontación constante entre poderes.
En el informe, Perú aparece como uno de los casos más extremos de inestabilidad presidencial, ya que recuerda que el país tuvo ocho presidentes entre 2016 y 2026 y atribuye parte de esa dinámica al diseño institucional. La Constitución permite destituir al presidente por “incapacidad moral permanente”, una figura de interpretación amplia que eleva los incentivos para la confrontación política. A esto se suma el debilitamiento de los partidos y el crecimiento de posiciones antipartidarias y antiestablishment.
Este escenario no se queda en la política. La inestabilidad institucional afecta la capacidad del Estado para generar resultados y sostiene una sensación de incertidumbre en la población. Cuando no hay previsibilidad ni respuestas claras, se debilitan las expectativas de futuro. En ese contexto, el informe recuerda que “las salidas masivas son casi siempre motivadas por la falta de oportunidades económicas, que es señalada como la principal razón para migrar por 6 de cada 10 personas que piensan salir de su país”.
Frente a ello, el PNUD advierte que la democracia no puede sostenerse solo en elecciones, sino en instituciones que funcionen de manera efectiva. En el caso peruano, eso implica tres cambios centrales: fortalecer la representación política para reducir la fragmentación; reconstruir la capacidad de acuerdo entre poderes del Estado para evitar la confrontación permanente; y mejorar la capacidad de gestión pública para que las decisiones se traduzcan en servicios y resultados concretos. Solo así, sostiene el informe, la democracia podrá volver a ser percibida como un sistema que responde a la vida cotidiana de las personas.

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