La gestión del río Piura requiere decisiones técnicas sostenidas y una mirada integral de cuenca. Así lo advierte la ingeniera forestal María Sofía Dunin-Borkowski, especialista en sedimentación y procesos erosivos, quien sostiene que el cauce del río Piura hoy tiene menor capacidad hidráulica que en años anteriores.
Desde esa perspectiva, advierte que el problema no es únicamente la cantidad de lluvia o el caudal del río, sino la acumulación progresiva de sedimentos que están reduciendo el espacio natural del río.

Uno de los indicadores es la represa de Los Ejidos, que con el paso de los años ha visto reducida su capacidad debido al arrastre de tierra desde la parte alta de la cuenca. Sin embargo, el mayor problema se concentra aguas abajo, entre las ciudades de Piura y Sechura, donde el sedimento se deposita directamente en el cauce. “Este fenómeno actúa como un estrechamiento progresivo del río”, sostiene Dunin-Borkowski, profesora de la Maestría de Recursos Hídricos de la UDEP.

Ante una venida importante, el agua podría desbordarse con menor volumen que en 2017, pero con mayor rapidez, debido a que el canal natural tiene hoy menos espacio para contenerla. La erosión en la parte alta de la cuenca es un factor determinante. Las lluvias intensas desprenden la capa fértil del suelo agrícola, afectando a los propios productores y enviando toneladas de sedimento hacia la costa.
Para enfrentar este escenario, Dunin-Borkowski plantea un enfoque integral que incluya prácticas de agroforestería, recuperación de cobertura vegetal y técnicas que permitan reducir la velocidad del escurrimiento superficial. “Mayor infiltración implica menor flujo de agua sobre la superficie terrestre y menor arrastre de sedimentos y, en consecuencia, menor presión sobre el cauce en la parte baja”, es una de las recomendaciones que brinda.

Salida al mar y equilibro ambiental
Otra medida prioritaria es evaluar técnicamente una salida más eficiente del río Piura hacia el mar, lo que permitiría que el agua y los sedimentos lleguen a un depósito natural mayor, reduciendo la acumulación en la parte baja.
No obstante, esta alternativa debe considerar la protección de humedales y ecosistemas costeros de Sechura, que cumplen un rol ambiental clave.
Si bien el Estado cuenta con presupuestos de emergencia para atender desastres, la especialista subraya que la gestión de prevención, aún no se ejecuta con la fuerza necesaria.
“La cuenca debe verse como una unidad. Lo que ocurre en la parte alta repercute directamente en en las ciudades y actividades económicas en la parte baja”, enfatiza.
El llamado es a las autoridades regionales y locales a priorizar planificación territorial, control del crecimiento urbano en zonas vulnerables y políticas sostenidas de manejo de cuenca. “Porque el riesgo no es hipotético. Es acumulativo. Y cada año sin acciones estructurales reduce el margen de respuesta frente a un nuevo evento extremo”, concluye.